Académico de la U. de los Andes e investigador asociado del IES, Daniel Mansuy sostiene que a La Moneda le falta una dirección clara. Sobre la reforma de seguridad, dice: “El gobierno perdió el control en una cuestión central, y terminó enredado en ¡una discusión constitucional!”. Agrega: “El gabinete carece de esqueleto político”.
-El Gobierno ha tenido algunos traspiés; observadores dicen que hay desorden, con declaraciones contradictorias de ministros, que desafían al propio oficialismo. ¿Cómo observas esta larga instalación que no termina del todo?
-A estas alturas, ya es más que instalación: estamos viendo las consecuencias de un diseño, consecuencias que fueron advertidas en enero: el gabinete carece de esqueleto político, y eso salta a la vista varias veces por semana. Los ministros no se coordinan entre sí, no hay vocería que fije posición, los partidos parecen poco involucrados, y la lista podría seguir. Si me apuras, yo diría que al gobierno le falta conciencia de que, para controlar la agenda, debe constituir un coro: ministros, parlamentarios y dirigentes políticos deben transmitir en una frecuencia común.
Pero son pocos los ministros que hablan y, cuando hablan se contradicen entre sí, no siguen una pauta común y, para peor, los parlamentarios miran de lejos. Yo no puedo sino lamentarlo, pero es la única constatación posible. Si el rumbo no se corrige pronto, la derecha habrá desperdiciado una oportunidad histórica, a sabiendas de que la oposición sigue muy desorientada (con muchos de sus dirigentes defendiendo el proyecto de la Convención…).
-La Moneda acaba de tener una derrota en el tema de la sala cuna. El propio ministro Rau dijo “qué desastre” en un micrófono abierto. El estado de excepción sería extirpado de la reforma de seguridad. ¿A qué se deben estas desprolijidades?
-Toma el caso de seguridad: es el gran tema de este gobierno, que llevó a Kast al poder, y que permite incomodar al máximo a la oposición. Por una falta de diseño, de diálogo y de filtros internos, el gobierno perdió el control en una cuestión central, y terminó enredado en ¡una discusión constitucional! Además, claro, de alimentar todos los resquemores respecto de su supuesto “iliberalismo”. Si esa falla —grave y costosa— no conduce a interrogar la arquitectura general, no se me ocurre qué tendría que ocurrir. En todo caso, para resumir el asunto: no hay conducción política (y la responsabilidad no es del ministro Alvarado).
-Poduje dijo que la economía no era culpa de la administración anterior. ¿Ha sido decepcionante la performance del Gobierno en esta materia, tal como señalan las cifras de desempleo y crecimiento?
-Es obvio que el gobierno apostaba a una inflexión económica más rápida, las causas parecen ser más estructurales y, hasta ahora, difíciles de atribuir al gobierno. La escena internacional, sumada a la degradación de las cuentas públicas, no facilitan la tarea. En todo caso, en esta materia la apuesta es que el repunte vendrá el 2027 y 2028. Pero esto nos lleva de vuelta al problema anterior: ¿existe una armadura política para atravesar esos vientos hostiles? ¿Con qué iniciativas, prioridades y discursos? ¿Qué ministros sectoriales saldrán a atenuar el mal tiempo? De todo eso, no se ve nada.
-¿Cómo evalúas el manejo del Presidente Kast en estas crisis?
-Basta fijarse en lo siguiente. El presidente lleva varias semanas concediendo largas entrevistas radiales los días lunes. En principio, es una buena idea: el mandatario muestra conexión, no elude los temas y participa de la discusión. Sin embargo, esto tiene otra cara: en ninguna de esas entrevistas —que acumulan bastantes horas— el Presidente ha logrado instalar temas, marcar la agenda ni ha hecho anuncios que justifiquen sus intervenciones.
Comenta la actualidad, intenta explicar lo que está haciendo el gobierno, pero no imprime un rumbo. Intenta llenar el vacío, pero no lo logra porque no marca una dirección. Aquí tienes otra falla en la arquitectura: está muy bien que el mandatario hable —fui muy crítico de los largos silencios de Boric—, pero sus intervenciones deben tener una intención más clara y visible para rendir frutos.
-¿Cómo interpretas la visita de Milei a Chile, donde trató a la izquierda de “zurdos mugrientos”? ¿Te parece que no se manejó bien el tema de las declaraciones argentinas sobre soberanía del Estrecho de Magallanes?
-Las palabras de Milei fueron muy poco afortunadas, pero tampoco sorprenden viniendo de él. Lo que me pareció más desafortunado fue la coincidencia de fechas: ¿qué sentido tenía organizar el foro de Madrid en Santiago la víspera del 4 de septiembre? ¿Nadie tiene un calendario que permita organizar los tiempos, y evitar el cruce entre un acto que estrecha el nicho electoral y una fecha que simboliza precisamente lo contrario?
Sobre el Estrecho, creo que debemos tomar conciencia de que los argentinos no están jugando ni cometiendo errores: están viendo hasta dónde pueden llegar, y midiendo nuestra propia disposición. Yo no estoy seguro de que en el gobierno haya total claridad al respecto. En todo caso, considero un error interpelar al canciller: no creo que sea la vía para manifestar las discrepancias.



